El granjero asustado lo empezó a buscar por todos los sitios posibles, hasta que lo oyó llorar. El asno había caído en un pozo.
Angustiado, el granjero fue en busca de ayuda para sacarlo, el campesino que encontró le dijo que no había solución, que no lo podían sacar. Se angustió tanto, que el campesino se derrumbó y empezó a llorar. Mientras lloraba, el campesino y algunas personas del pueblo pensaron que para que no sufriera, tirarían arena al pozo para enterrar al asno.
Al campesino no le quedó más remedio que coger una pala y empezar a tirar arena dentro del pozo junto con los otros lugareños. Así pues, a medida que tiraban arena, el asno empezó a sacarse la arena y progresivamente iba subiendo hacia la superficie. Hasta, que sin querer, pudieron rescatar al fiel compañero, después de augurar que no habría nunca más salvación para él.
Lo que quiero deciros con esto, es que muchas veces, creemos que tenemos problemas que son insolucionables, nos angustiamos, pensando que no podemos hacer nada pero, que sin querer, nos damos cuenta de que si que hay solución, y se puede encontrar. Sobretodo, no dudes nunca de que tarde o temprano habrá solución para ese problema que tienes y que, cuando no te des cuenta (incluso cuando no pienses mucho en él), se llegará a solucionar.
Todos tenemos derecho a ser felices, y por supuesto todos lo podemos conseguir, porque no hemos venido a sufrir, sino a intentar disfrutar de todo lo que podemos.